Encuentros Culturales: Cristina Sánchez
El pasado 25 de febrero asistimos a la primera de las conferencias programadas en el marco de la vigésimo segunda edición de los Encuentros Culturales que la Central Nuclear de Trillo lleva organizando desde que comenzara su explotación comercial en el año 1988.
En esta ocasión tuvimos el placer de disfrutar con la presencia de Cristina Sánchez, la mujer que ha marcado un hito en el mundo del toreo, y sobre todo con su conferencia que llevaba por título “La Mujer en el mundo del Toro”. Cristina Sánchez debutó en público en Torrejón de Ardoz (Madrid) en 1986. Toreando con picadores lo hizo en Valdemorillo siete años después, en 1993. Su estreno en Las Ventas se produjo en julio de 1995. En aquella temporada del 95 ya cortó 61 orejas. Tomó la alternativa en Nimes (Francia) el 23 de mayo de 1996, apadrinada por Curro Romero. Ejerció como testigo José María Manzanares. En 1996 toreó 66 corridas, cortando 130 orejas. En 1997 sumó 60 festejos, con 86 orejas. Hizo su último paseíllo en Las Ventas el 12 de octubre de 1999, aunque posteriormente reapareció, en 2006, en Torremolinos.
La conferencia fue presentada por Miguel Ruíz Berlanga, Jefe de Relaciones Institucionales de la Central Nuclear de Trillo, que se despidió de todos los presentes a finalizar el acto por motivo de su jubilación. Aprovecho estas líneas para, desde la revista municipal de Trillo, desearle lo mejor a Miguel y para darle las gracias en nombre de ToroAlcarria.com por todo el apoyo que nos ha prestado estos años.
Cristina Sánchez, ante un salón repleto de público, habló de sus vivencias en el mundo del toro. Afirmó sentirse “una mujer muy afortunada y privilegiada por haber ejercido la profesión de torero”.
Antonio Sánchez, su padre, fue quien la inició en el mundo del toro. Había sido banderillero y era profesor en una escuela taurina que había en Parla. Cristina trabajaba el ejercicio físico con los alumnos, y ya entonces aprovechaba para coger el capote y la muleta. Antonio se percató poco a poco de la querencia natural de su hija. Un buen día se la confirmó. Quería torear con todas sus fuerzas. Deseaba por encima de todas las cosas ponerse delante del público y matar un becerro. Cristina nunca ha olvidado lo que le contestó su padre: “Cristina, esta es una profesión muy difícil para un hombre, y yo diría que imposible para una mujer, pero si es lo que tú quieres, te ayudaré en lo que pueda”.
A raíz de esta decisión, en 1989 Cristina se inscribió en la Escuela Taurina de Madrid. Su profesor fue Juan Antonio Alcoba Macareno. De Director Artístico estaba el maestro Gregorio Sánchez. En aquella época aprendían a torear allí cerca de doscientos alumnos de los cuales sólo 4 ó 5 eran mujeres. Ya en su primer año de estancia en la Escuela, comenzaron a darle más relevancia que a los demás. La incluyeron en el grupo de los alumnos aventajados debido a que cuando ella llegó a la escuela ya tenía conocimientos adquiridos sobre cómo coger el capote o la muleta. Cristina dijo en Trillo que esta primera andadura fue para ella “muy bonita”, porque la trataban “como a uno más”, y no de forma diferente por el hecho de ser mujer, algo que ella ha defendido a lo largo de toda su carrera profesional: “jamás me ha gustado que me llamasen torera”.
Después de esta puntualización, describió como fue su segundo año en la Escuela Taurina de Madrid. Nos contó que fue la mejor de los doscientos y pico alumnos y que fue seleccionada para acudir a Cádiz y a Colombia a un Certamen Mundial de Escuelas Taurinas representando a la de Madrid. En Cádiz quedó en triunfadora de entre todas las escuelas. Empezó entonces la repercusión mediática de sus logros. Había una chica en la Escuela de Madrid que funcionaba, y comenzó a torear novilladas sin picadores por toda la geografía española.
Cuando salió de la Escuela debutó con caballos. “En aquel momento me percaté de lo duro que es el toreo. Eran pocas las novilladas picadas que había y era muy difícil acceder a ellas, porque por aquel entonces eran novilleros, diestros de la talla de Rivera Ordóñez, Javier Conde o Manuel Caballero, entre muchos otros”, explico Cristina. Todos tenían ya mucho cartel y toreaban en la mayoría de las ferias, con lo cual “era difícil entrar en el círculo”. Con mucho esfuerzo llegó el día de su debut en Las Ventas. “Si lo conseguimos fue gracias a una lucha constante de mi padre, del maestro Gregorio Sánchez y mía, después de llevar tres años de novillero con caballos”, afirmó. El esfuerzo se vio compensado de largo cuando salió por la Puerta Grande de Madrid, un 8 de julio de 1995, en un triunfo inolvidable que le sirvió para abrir otras puertas y también para firmar el apoderamiento con Simón Casas, que se hizo cargo desde entonces de su carrera. Después del éxito en Madrid toreó en Sevilla y en la Monumental de Méjico. De su paso por la Maestranza de Sevilla contó una anécdota muy bonita que se le quedó grabada de por vida. Fue una frase que le dijo un aficionado al salir de la plaza después de que aquella tarde hubiese cortado una oreja al primero y otra oreja a su segundo novillo: “Entré para ver a una mujer, y me voy viendo a un torero”.
Después toreó en Méjico, Colombia y Venezuela. Seguidamente comenzó la temporada en España. Solamente en el mes de mayo del 96 llegó a torear la cifra de 22 novilladas. El día 23 de aquel mayo maravilloso tomó la alternativa en Nimes compartiendo cartel con Curro Romero y José María Manzanares en una corrida de Alcurrucén. De aquella tarde recordó “los muchísimos nervios que pasé, pero con gran disfrute”, cuando se encontró con estas dos figuras del toreo en el patio de cuadrillas. Cristina contó que se portaron con ella “fenomenal”, sin concederle ningún privilegio por ser mujer: “Para mí fue todo un sueño. Además la corrida tuvo una repercusión mediática muy grande porque era televisada”. Después de tomar la alternativa, confirmó en Madrid, en plena Feria de San Isidro.
Durante su exposición reconoció en numerosas ocasiones que a lo largo de su carrera profesional “mi talón de Aquiles ha sido la espada, ella ha sido la culpable de las dos cornadas más fuertes que tengo en el cuerpo”.
Cristina Sánchez también recalcó que ha vivido momentos fascinantes a lo largo de todos estos años como torero: “He vivido por y para el toro, que requiere una dedicación absoluta. No sólo es torear, la preparación física es importantísima, sobre todo para la mujer torero. Para saltar una barrera por ejemplo, nosotras tenemos que entrenarlo primero. El hombre, sin prepararse, tiene solvencia física para hacerlo”.
También comentó que cuando más cuesta arriba se le hizo su profesión fue después de una corrida en Madrid. Prensa escrita, televisión y todos los medios de comunicación reconocieron al día siguiente que, una vez más, había perdido la Puerta Grande de Las Ventas por no meter la espada. “En aquella ocasión era como matador de toros”, dijo. Fue entonces cuando Cristina se dio cuenta de que había empezado a conseguir las mismas metas en la profesión que cualquier otro torero y cuando comenzaron a surgir las dificultades. Los compañeros de profesión vieron que podía competir de tú a tú con ellos, y alguno empezó a decir que no tenía nada en su contra, pero que no quería torear compartiendo cartel con ella, justificándose declarando que dentro de sus planes no entraba torear con una mujer: “No veían bien que una mujer pudiera salir a hombros y ellos no, cuando muchas veces ellos han salido y yo no lo he hecho. Derribar barreras o romper una lanza trae consigo dificultades, y hay que pagar un peaje. Cuantos más éxitos conseguía, más difícil se me hacía seguir. Quizá este fue mi peaje”.
Aun así Cristina Sánchez se considera una mujer muy afortunada, y, si volviese a nacer aún sabiendo por todo lo que ha tenido que pasar a lo largo de su carrera profesional, sin ninguna duda volvería hacer exactamente lo mismo, porque para ella todo ha sido muy importante: “El toro no entiende de sexos”. Con esta frase Cristina Sánchez dio por concluida su conferencia.
Para terminar el encuentro, Miguel Ruíz Berlanga abrió el coloquio en el que los asistentes realizaron diferentes preguntas a las que Cristina comentó entre otras cosas, lo siguiente: “No se afeita a los toros tanto como la gente se piensa”. Cristina también dijo que uno de los encastes que ella ha conocido mejor y que actualmente está de moda, es el encaste Parlade: “Ahora casi todos los toros tienen sangre Domecq”. Sin embargo, el encaste que a ella le ha producido más miedo ha sido el de Santa Coloma.