Postales desconocidas – La riada del 41
La riada del 41
Este pasado mes de noviembre, después de un largo periodo de sequía y de un otoño que más bien parecía primavera, el astro cambió de repente. El día 28 del penúltimo mes del año pasado empezó a llover, y no ha parado todavía. Por desaparecidas desde hacía mucho tiempo, hemos traído a nuestra sección de Postales Desconocidas de Trillo a las riadas del Tajo provocadas por las borrascas sucesivas que atraviesan España desde final de año. Nos hemos fijado especialmente en la mayor de los últimos meses, producida en las puertas del año nuevo, el 30 de diciembre de 2009, y en la mayor de los últimos años, acontecida en los primeros días de 1941.
El proceso suele ser el mismo. “Primeramente nieva. Cuando se pone el tiempo de blandura y empieza a llover, a las veinticuatro horas tienes la riada en el puente. Suele durar un par de días”. Lo dicen las voces de la experiencia trillana, que llevan muchos años viendo pasar el Tajo. También tienen mucho que decir sobre el color del agua. “Si es marrón oscuro, lo que baja viene de Tierra Molina”, explican.
Así paso a final de año. Los copos blancos se tornaron en agua de repente. La cota del río comenzó a subir hasta alcanzar niveles desconocidos desde el año 1996, cuando la crecida saltó, por poco, a la calle de La Tajonada. No llegó a tanto en esta ocasión, y, sin salirse de su cauce en ningún momento, los días 30 y 31 de diciembre el agua estuvo en algunos puntos a un metro del tope del muro de contención que enclaustra el paso del río. A los pocos días, el Tajo volvía a ponerse serio, inundando por segunda vez el paraje de La Isla que en el verano se convierte en coso de las Vacas trillanas en lo que después se ha convertido en tónica frecuente.
Echemos un vistazo a los datos. El 15 de enero, y según la medición que el Sistema Automático de Información Hidrológica del Tajo (SAIH Tajo) efectuaba en el azud de Trillo a las 8:00 horas de la mañana, pasaban 115 metros cúbicos por segundo de agua cuando, por dar otra referencia cercana, el 22 de diciembre el caudal era de tan solo 6 metros
cúbicos por segundo. El apunte máximo de la temporada fue medido por el SAIH el día 30 de diciembre a las 18:00 horas de la tarde. El caudal alcanzó entonces los 190 metros cúbicos por segundo. La misma tónica se ha mantenido en lo que va de año, en lo que es una magnífica noticia para el campo trillano, que florecerá con rotundidad en pocos días.
La referencia de otras grandes avenidas que, aquellas sí, desbordaron el río con creces datan del los años 1965, 1955, y la más virulenta de todas, correspondiente al año 1941, fecha en la que el Tajo entraba sin piedad en el casco urbano de Trillo. “Estas de ahora no son nada comparadas con aquella de después de la Guerra. Llegó al cuarto escalón de las casas”, cuentan los abuelos. Entonces no había muros de contención y los vecinos no tuvieron más remedio que huir de sus viviendas. La prueba de lo que dicen está en la casa de Bernardino López. “Desde
el fondo del río hasta donde llegó, hay 5 metros de altura”, asegura señalando en la pared de su casa una marca que cumplirá setenta años el que viene. Afortunadamente, nadie recuerda desgracias personales provocadas por la fuerza de la corriente. “Solamente una vez encontraron a un señor ahogado. Era un enfermo del Sanatorio Leprológico que se tiró al río. Sacarlo le costó la salud un tiempo al que lo hizo”, cuentan. Tal fue el susto que llevó.
Alguna vez también ha sido el Cifuentes el rebelde, pero por motivo de las tormentas y en otras épocas del año. “Se desbordaba desde donde sueltan los toros en la fiesta, y alguna vez hemos visto bajar el agua por la Calle Mayor”, terminan.
