¡Qué lo sepas!
Estoy preparado para el día que llegue mi oportunidad
Antonio Rosales es un novillero que promete. Por eso había que entrevistarle en un lugar especial. Quedamos para vernos entonces, como no podía ser de otra manera, en la Puerta Grande de Las Ventas. Y se nos ocurrió a los dos que podía ser buena idea fotografiarle dentro de la plaza. Al ir a pedir permiso, nos topamos de bruces con Manolo Molés. “Esto es una premonición”, le digo. “Va a ser que este hombre tendrá que hablar mucho de ti”. Charlando con él frente a la arena que tantas tardes de gloria ha visto, me doy cuenta enseguida que es como lo recordaba cuando le vi torear en septiembre en La Isla. Determinado, valiente, disciplinado y seguro. De repente, tengo la sensación de que algún día le veré salir a hombros a la calle Alcalá.
¿Cuántos años tienes y de dónde te viene la afición, Antonio?
Tengo veinte años recién cumplidos. Mi padre ha sido muy aficionado desde siempre, y mi hermano fue matador de toros. He vivido el toro en casa, y eso ha hecho que, antes que otra, haya aflorado esta afición.
Tu padre es de Trillo…
Mi padre es trillano, si, y mi madre sevillana. El apellido Rosales viene de allí. De niños fuimos mucho. Mi padre trabajó en la Central Nuclear, y mis hermanos mayores vivieron en el pueblo un par de inviernos. Recuerdo mucho los encierros, los toros. Creo que también por ahí me viene a mí la afición. Nos consideramos de Trillo.
¿En qué momento decides que quieres ser torero?
Desde chiquitillo para mi ser matador de toros fue lo máximo a lo que podía aspirar. Siempre los he admirado por el respeto que les tiene la gente. Sin darte cuenta llega un día que te pones delante de una becerra, después de una vaca… Una anécdota que pocos saben es que guardamos en casa una foto en la que mi hermano mayor me tiene cogido en brazos en la plaza de toros de La Isla, que era todavía portátil, mientras toreaba una vaquilla en el encierro. Yo tenía tres años y no tengo el recuerdo. Siendo consciente de ello, la primera vez que cogí una muleta tenía doce años. Fue en La Torre de Esteban Hambrán, un pueblo de Toledo, en la finca de Ramón Carreño.
¿Quién te anima a seguir en el toro, alguien te dice que tienes cualidades?
Pues creo que más bien ha sido al contrario. No me han quitado la idea. Mis padres no me han puesto problemas, pero a la vez siempre me han advertido de lo duro que es el mundo del toro. Nadie me ha dicho que vaya a ser una figura del toreo. Eso ahora es imposible de saber. Soy consciente de que es muy difícil. Busca la profesión más difícil que haya en el mundo, la multiplicas por diez, y el resultado es el toro.
¿Cuántos chavales con ilusión se quedan por el camino?
Muchísimos, la mayoría, el 95%. Ahora mismo los que mandan en el toreo son cinco nombres: El Juli, José Tomás, Ponce, Sebastián Castella y Miguel Angel Perera. Los demás, como decía Juncal, aquel torero de la serie de televisión, a acompañar. Igual esto es un poco exagerado, pero por ahí van los tiros. Cada matador es distinto, necesita un tiempo diferente de maceración. Unos rompen en figura del toreo en poco tiempo, como Daniel Luque, y otros tardan mucho en hacerse, como por ejemplo El Cid, que cuajó ya con 32 años. Lo que tengo claro es que ésta es una carrera de fondo y que no es como empieza, es cómo termina. Hay que tener mucha afición, mucha moral y sobre todo querer. Llega más lejos el que quiere que el que puede. Para ser figura del toreo tienes que desearlo con una fuerza descomunal que te haga estar preparado para el día en que te llegue la oportunidad. Hay casos de mala suerte, pero estoy convencido de que a todo el mundo le pasa el tren al menos una vez en la vida. Unos lo aprovechan y otros no. Los hay que son capaces y los hay que no.
¿Cómo te preparas para el día que llegue esa oportunidad?
Me marco una disciplina dura en temporada, y fuera de temporada también. Ahora en diciembre, cada día madrugo, entreno, corro, ando, hago toreo de salón, como, y por la tarde sigo con el toreo de salón. Peso 64 kilos, y me encuentro fuerte. Ahora en invierno no llevo el ritmo del comienzo de temporada, pero no me dejo, ni mucho menos. En cualquier momento te pueden llamar para torear en un tentadero y tienes que estar igual de bien para que te vean, para aprender a que te sirvan todos los animales.
¿Cuál es tu estilo como torero?
Cada uno tenemos unas condiciones. El toreo es sentimiento. Si tú lo pones en la plaza, llega arriba, al tendido. Es lo que el público percibe. En el salón hay que hacerlo perfecto técnicamente, artísticamente, porque luego en la plaza todo se agrava. Influye el toro, la gente, el aire, que tú no estés… Tienes que hacerte caso de gente profesional, que te puede aportar cosas, intentar corregir los defectos, pero sobre todo, encontrarte a ti mismo en la cara del toro.
¿Quieres parecerte a alguien?
No quiero parecerme a nadie. Yo tengo mi forma de sentir el toreo, y, al fin y al cabo, como dicen por ahí, la cabra siempre tira al monte. En la plaza sale lo que llevas por dentro. Me gusta que de mi estilo hablen los demás. Yo no soy quien. Cuando me pongo en la cara del toro, no te puedo explicar lo que siento. Veo las condiciones del toro, me adapto a la embestida, siempre pensando en la faena de muleta que es donde le voy a poder cortar las orejas a mi enemigo, y por supuesto me centro en matar al animal. Intento hacer en la plaza lo que he practicado tantas veces haciendo el toreo de salón. En todo caso, y por dar algún nombre, me ha gustado siempre la forma de ser fuera y dentro de la plaza de El Cid o de Cesar Rincón. Son dos toreros que me han influido mucho. Lo que hacen me gusta.
¿Qué parte de técnica y cuál de sentimiento tiene el toreo?
Hasta que no te pones en la cara del toro, no sabes que va a pasar. Además el animal puede ir cambiando durante el transcurso de la lidia. Cuando te sale un gran toro te olvidas de la técnica para torear con el corazón. La muleta se mueve sola porque es lo que tú sientes. No piensas en nada, sólo en lo siguiente que vas a hacer, en pegarle pases, en cogerle las vueltas. A veces te viene a la cabeza el público, como en Trillo. Hay que estar bien siempre, pero más en tu pueblo que en otro sitio. Quieres hacer algo distinto, especial, por tu padre que te está viendo y que lleva sin comer varios días de la responsabilidad.
¿Lo has dejado todo por el toro?
Es mi prioridad en la vida. El toro te absorbe las 24 horas del día. Ahora estoy entrenando, y no paro, por lo que pueda pasar. No tienes nada, pero te pueden llamar en cualquier momento y salvar la temporada completa sólo por una gran tarde. Lo absorbo todo de libros, revistas, vídeos, de la vida…. Hay que ser una persona inteligente en esto del toro. Te tiene que funcionar bien la cabeza. De lo pequeño, también se puede aprender.
Resúmenos por favor la temporada del año 2009
He toreado 32 novilladas, cortando 28 orejas. Al principio del año toqué poco pelo porque estuve irregular con la espada. Ha sido una temporada en la que quizá no han salido las cosas como queríamos, pero que no ha estado mal. Estamos contentos con el número de festejos y con la calidad de las plazas en las que he actuado. Y digo contento, no orgulloso, porque siempre te tienes que exigir más.
¿Tu carrera lleva el ritmo que quieres?
Pues estoy bastante satisfecho con el ritmo que llevo. Hace cuatro años estaba toreando sin caballos, y ya me he visto toreando en Madrid. No me lo esperaba tan pronto. Creo que mi carrera sigue los pasos adecuados.
¿Qué esperas de la temporada 2010?
En marzo vuelvo a Madrid, torearé en un festival benéfico en Algeciras, y luego, en mayo, toreo en Sevilla. Confío plenamente en triunfar en estas tres tardes, y en solucionar con ellas la temporada completa. Me gustaría también hacer algo importante en Trillo, en la Feria Chica por ejemplo, que es en junio. Tener un gesto. Es un pueblo con afición a los toros y seguro que podríamos hacer algo bonito allí. Siempre y cuando haya estado bien en Madrid y en Sevilla, me he planteado hacer un cierre de alternativa en mi pueblo.
¿Para cuándo entonces tu alternativa?
Ya podría tomarla. Tengo más de 25 festejos toreados. Pero me gustaría hacerlo cuando haya buenas perspectivas de futuro. No quiero tomarla para estancarme después sabiéndolo, como hacen muchos. Quiero dar un paso no para pararme sino al frente, para evolucionar. Ojalá pueda ser este año como digo, después de la Feria Chica de mi pueblo.
Tu mejor momento en la cara del toro…
Hay días que te sientes a tu gusto delante del toro. Y son maravillosos. Quizá lo más importante que he hecho hasta ahora fue aquí, en Las Ventas, este mismo año, a mi segundo novillo. No estuve del todo fino con la espada, pero di la vuelta al ruedo. La prueba está en que me quisieron repetir en octubre. Preferimos firmar la fecha ahora, a la vuelta del año, en marzo. También ha habido otras faenas importantes, una en Talamanca de Jarama a un novillo de Angel Luis Peña. Lo toreé muy despacio con la muleta. Me dio un puntazo en el ojo. También recuerdo otra tarde de las de sobreponerse, en Valdetorres de Jarama. Fue una faena meritoria a un toro muy complicado. Con aquel animal todo el mundo dijo que estuve importante.
¿Qué piensas por la noche justo antes de dormirte?
Pienso en el apoderamiento, en la novillada, en mejorar…
¿Te acuerdas de la Puerta Grande de Las Ventas?
Estoy anunciado aquí en marzo, y salir por esa puerta que tenemos delante es una posibilidad real. Depende del ganado y otros muchos factores, pero tú pones un setenta por ciento. Por eso hay que estar preparado. San Isidro me ha llamado siempre la atención porque es la feria más importante de España.
Cortaste tres orejas en Trillo, pero antes hubo un quite milagroso…
Lo agradecí mucho, porque además me lo hizo mi hermano. Es banderillero y ellos son los que tienen que hacer esas cosas. Lo más fácil hubiera sido que el animal me cogiera en lugar de hacerle caso a él, como así fue. Pero mira, acabé saliendo a hombros. Mi padre me esperaba allí, en la salida. Para él es importantísimo que yo toree en Trillo, y debo confesar que sentía que había triunfado, pero que me quedo la espina clavada de haber hecho algo más rotundo. A ver si hay ocasión la temporada que viene.




