Que lo sepas
Entrevista a Alfredo Ochaíta
Alfredo Ochaíta Sancho es un tipo impresionante en lo físico. i-TRILLO lo entrevistó el día que cumplía los 34 años, un 25 de agosto. Aunque ya no practica el deporte de élite, no está desligado en absoluto de los entrenamientos ni del gimnasio. Esta circunstancia, y los años de sacrificio espartano, están presentes todavía en sus brazos. Al poner los codos sobre la mesa los tríceps tensos manifiestan un poderío fuera de lo común. Las mangas de su camiseta están a punto de estallarle, según en qué postura. De trato afable y sincero, es un enamorado de las artes marciales cuya práctica recomienda a todo el mundo. No en vano Alfredo llegó a ser Subcampeón de España de taekwondo.
¿Cómo empezaste a practicar las artes marciales?
Tenía 11 años. En Trillo empezaron las clases deportivas. Desde siempre me habían gustado las artes marciales, y como la única posibilidad era el taekwondo, me apunté.
Antes que nada, ¿puedes explicarnos un poco más qué es el taekwondo?
Es un arte marcial coreano en el que el setenta por ciento de las técnicas son de patada, y el otro treinta, de puño. Tiene una forma de hacer y una filosofía propias, como el kárate, pero es más competitivo. Junto con el judo y el propio kárate, conforma el trío de artes marciales que son también deportes olímpicos. Los taekwondistas competimos con casco y peto en el pecho. También llevamos protecciones de antebrazo y espinilleras. En competición los golpes se realizan a contacto pleno, a diferencia de otras disciplinas que solo marcan los golpes. Existe la posibilidad de realizar KO´s. Con el puño, en los campeonatos, sólo puedes golpear entre cintura y cuello. Con la pierna es válido cualquier punto que se toque del rival de cintura para arriba, menos la espalda y la nuca, claro. La agilidad y la elasticidad son fundamentales en este deporte, así como la fuerza, la potencia, la explosividad, los reflejos, la velocidad y el juego de cintura. Todas estas cualidades se entrenan y se adquieren con el tiempo. Lo que no se puede entrenar es la actitud y las ganas de ganar. Esas lo llevamos dentro cada uno.
¿Cuántos años estuviste practicando este deporte al máximo nivel?
Mi ilusión era competir al máximo nivel posible, ya cuando empecé en Trillo. Entrené duro hasta los 14 años para cumplir mi sueño de llegar a lo más alto, que era entonces disputar el Campeonato de España. Fui superando todos los obstáculos hasta llegar a tocar con los dedos la meta. En categoría juvenil gané campeonatos en Guadalajara, Madrid y Castilla La Mancha. Con quince años competí por el Campeonato de España de España Juvenil en Fuengirola, y quedé bronce. Tenía la mentalidad que me daba fuerza para seguir entrenando, siempre con mucho sacrificio, que es la clave del éxito. Por edad, participé después en campeonatos junior y senior en diferentes ámbitos territoriales. A medida que iba cumpliendo años y creciendo, fui también subiendo de peso. Empecé compitiendo en peso superligero, luego fui peso medio y terminé en el peso pesado, a partir de 85 kilos. Mi máximo logro deportivo fue el de proclamarme Subcampeón de España junior en peso medio. Fue en Sabadell, el 3 y 4 abril de 1993.
Perdiste entonces sólo un maldito combate en aquel campeonato…
Llevaba toda la vida entrenando para aquel día, para aquella pelea. Y me quedó un mal sabor de boca. Mi oponente era catalán, y como en todos los deportes, los árbitros también pueden influir en el resultado final. El se había proclamado recientemente Campeón de Europa Junior y estaba becado por el C.A.R. (Centro de Alto Rendimiento), que está en Barcelona. La Federación Española también tiene su sede allí. Aunque no es menos cierto que los nervios me jugaron una mala pasada. He aceptado la derrota con el tiempo, porque uno de los valores que aprende cualquier practicante de artes marciales es el de saber perder con honorabilidad. Después también llegué a competir fuera de España, en Lisboa, donde fui medalla de oro, y en otras competiciones internacionales.
Aquel fue el más amargo, pero seguro que hay alguna pelea que te haya quedado en la memoria por dulce.
Pues tampoco olvidaré nunca un combate que disputé en Ciudad Real, compitiendo por el primer puesto regional. No me gustaba que la familia presenciara mis combates. Añadía presión. Sentía la obligación de ganar sólo por quedar bien delante de ellos, y no peleaba igual. Aquel día se presentaron por sorpresa. Gané la final, y al terminar el campeonato, pude compartir el triunfo con ellos y con otros amigos. Todo el esfuerzo y el tiempo que invertí entrenando, se compensó de sobra con la llegada de los triunfos en la competición.
¿Te has sentido orgulloso de tu papel deportivo representando a tu región, e incluso a tu país?
Pues sí, pero también, ahora que han pasado los años de la competición, me ha quedado un poco de resquemor, o más bien pena. Tristemente, en el deporte español te hacen caso sólo cuando ganas. Antes hay que hacer mucha carretera pagándote tú mismo los viajes, las dietas y sudando en primera persona las horas de entrenamiento. Al principio sólo tuve ayuda de mis padres. Ellos fueron los que creyeron en mí y se hicieron cargo de los desplazamientos. Después sí que me apoyó la Federación. Pero hasta llegar a ese punto, pasó mucho tiempo. Y eso que yo empecé a ganar pronto. Hay deportistas que explotan a los diez años de empezar, y la lástima es que, sin apoyos, muchos de ellos no lo llegan a hacer nunca porque se cansan antes.
¿Qué hay que tener para ser un buen taekwondista?
Pues ilusión, ganas de ganar y capacidad de sacrificio para realizar el trabajo necesario hasta conseguirlo. Para ser campeón de lo que sea, no hay más secreto que entrenar. Hay personas que tienen mejores cualidades que otras, pero si no entrenas, no llegas a nada. La ilusión te hace mejorar, sacrificarte hasta darlo todo. El ansia por ganar es lo que te lleva más lejos.
¿Quién se dio cuenta de que podías llegar lejos en el deporte?
Juan Carlos Barriopedro “Franchi”, aquí, en Trillo. Fue mi profesor y el que me metió en este mundillo. Sin él no habría llegado tan lejos, eso lo tengo claro. Trabajé tres años con Juan Carlos hasta que gané el bronce en el Campeonato de España Juvenil. Entonces tuve muy claro que para llegar un paso más allá tenía que medirme con gente de otro nivel. De esta manera empecé a entrenar en el gimnasio Sport Center de Alcalá de Henares con Jose Sanabria todos los fines de semana y, entre semana, en el gimnasio Sung Do Kwan de Guadalajara con Cristobal Reyes y Jose Sanabria. En aquella época conocí a deportistas que formaban parte de la selección española. Todos eran luchadores muy experimentados. Algunos de ellos habían sido ya campeones del mundo y olímpicos. Me refiero a excelentes taekwondistas como José Sanabria, Coral Bistuer, John Wright, David Escribano, Santiago Zapico… Así fue como también yo elevé mi nivel, entrenando con estos monstruos, y haciendo mucho sparring. Durante la semana entrenaba cinco horas diarias. Hubo una época en la que cada fin de semana competía en un sitio distinto como rodaje para acudir a los campeonatos importantes.
Has practicado y visto mucho deporte. ¿Hay alguien a quien admires?
Admiro a José Sanabria, que es uno de los mejores competidores españoles, de talla mundial. Tuve la suerte de ser su alumno durante muchos años. Ha sido Subcampeón Olímpico y Campeón de Europa y de España varias veces. También debo agradecer a mi primer profesor y amigo, Juan Carlos Barriopedro, “Franchi”, el tiempo que me dedicó y la paciencia que tuvo conmigo. El fue el primero que creyó en mí. No lo olvidaré en la vida. Internacionalmente, los coreanos, como inventores del taekwondo, están a otro nivel.
¿Influye ser un deportista de élite en la vida diaria?
Los deportistas que practican las artes marciales son personas muy equilibradas en su vida diaria. Saben controlarse porque desde muy pequeños adquieren el hábito de una disciplina férrea. Llevar una vida ordenada y el ejercicio físico conduce al autocontrol que otros jóvenes quizá no tienen. Cuando compites, das todo lo que llevas dentro, pero cuando terminas, aceptas el resultado, saludas a tu contrario, y eres una persona normal. En el tatami te entregas, pero fuera impera el respeto. Las artes marciales ordenan la mente, ayudan a que el cuerpo funcione mejor, mejoran los reflejos…
¿Cómo ves la práctica del taekwondo en Trillo ahora?
La competición de élite es muy dura. Exige mucho sacrificio. Pero la afición en Trillo sigue, y ahora mismo hay jóvenes que podrían llegar a lo más alto si se lo propusieran. No hay tener miedo ninguno. El miedo limita. Estos chicos a los que me refiero son ganadores. Y con el trabajo, los éxitos llegan. La actitud tiene que ser positiva. Si tú no te crees que eres ganador, nunca lo serás. Con lo único que naces es con la actitud, lo demás se entrena.
¿Recomiendas la práctica de deportes marciales?
El deporte en general es algo muy sano. Y más las artes marciales te enseñan autodisciplina y autoconfianza. Mucha gente cree que por el mero hecho de practicar estos deportes eres violento y agresivo. Todo lo contrario. El deporte enseña disiciplina. Te enseña que, si quieres algo, tienes que sudar para conseguirlo. Te tienes que automotivar, que poner metas. El fracaso no existe. Si no le dejas sitio al fracaso, tarde o temprano llegan los éxitos. Y esto mismo luego lo aplicas en la vida diaria. Esta disciplina, el respeto por el compañero y por el rival, ser humilde, no abusar, tratar a la gente con respeto. El deporte te cultiva el cuerpo y la mente.
Alejado ya de la competición, Alfredo practica ahora otras artes marciales distintas del teakwondo. En él los muchachos de Trillo que empiezan tienen un espejo en el que mirarse. Siempre tendrá un buen consejo para todo aquel que quiera progresar en el mundo del deporte.
