Trillanos por el mundo

Gregorio Álvaro Navalón

Después de un par de desencuentros motivados por las prisas de la vida de hoy, y de quien les escribe principalmente, al final Rosalía Martínez mantuvo con i-TRILLO una maravillosa conversación telefónica, que, como  buena vianera “de Viana de Mondéjar, que quede claro”,  subraya, se preparó a conciencia para informar lo mejor posible a sus paisanos sobre las maravillas de la ciudad en la que vive: Ginebra (Suiza). No en vano es una de las cuatro ciudades con mayor nivel de vida del mundo.

La dama del lago Lemán
La historia de Rosalía es un clásico de la emigración española. Nacida en Viana de Mondéjar, la falta de expectativas laborales la condujo primero hasta Madrid, a la edad de 16 años. Allí se enamoró, jovencísima. Poco tiempo después la pareja tomó la decisión de marchar a la Europa rica, en busca de un futuro mejor. Unos familiares de su ya marido vivían en Ginebra. Les hablaron bien de la ciudad, y, lo más importante, consiguieron para él un contrato de trabajo que le hizo volar a Suiza en el año 1970. Rosalía le acompañaría un año después.
La charla, separada por 3000 kilómetros entre auriculares, comienza a acortar distancias. “Mis dos hijos nacieron ya en Ginebra. Ahora tienen 38 y 37 años respectivamente. Llevo casi 40 años aquí. Cuando lo pienso no me lo puedo creer”, cuenta.  Pero al aterrizar nuestra vianera no sabía una palabra de francés, ni de italiano, ni mucho menos de alemán, que son las cuatro lenguas oficiales del país, junto al romance. “Por suerte, llegué en verano. En otra época del año, me hubiera muerto. No conocía a nadie y encima no hablaba el idioma. Todo nuestro entorno lo componían suizos o franceses, y yo no podía comunicarme. Poco a poco fui conociendo españoles,  estableciendo relaciones y  aprendiendo la lengua”. Los trillanos por el mundo lo dicen. Cuando vives en el  extranjero, valoras más lo tuyo. “Las amistades que hice al principio, y que afortunadamente todavía conservo, tenían mucho que ver con mi nacionalidad, por cercanía de carácter. Hay un chico español en el trabajo, nacido en Bilbao y compañero de muchos años, que este año ha ido a verme al pueblo, a Viana de Mondéjar. Me hizo mucha ilusión verle allí”, dice la vianera.
Su temperamento es decidido y enérgico. No hace falta más que un minuto de conversación para darse cuenta. Seguro que ese carácter fuerte le ayudó en el 71. “No me quedó más remedio que escuchar. Sólo oía hablar francés. Y debo decir que en realidad no me costó demasiado aprenderlo”, recuerda una Rosalía a quien ahora,  con los  años, se le nota un cierto poso el habla. Emplea, de vez en cuando, expresiones traducidas literalmente. “Aquí en Suiza lo normal es que la gente hable tres y cuatro idiomas. Mi hijo, sin ir más lejos, habla cinco. En esto son completamente distintos a los españoles, que estamos a la cola de Europa en el manejo de otras lenguas ajenas a la nuestra. Aunque es comprensible. Deben pensar que si no las van a utilizar, para qué las va a aprender”, opina.  Prosigamos la historia. Con el francés cogido con alfileres,  en el año 1973 la vianera daba comienzo a su vida laboral fuera de España como empleada de una empresa internacional  dedicada a la fabricación de teléfonos públicos con  delegaciones por medio mundo y más  de 700 trabajadores en sus filas. “El primer día pensé que no iba a ser capaz de adaptarme.  Tenía compañeros españoles, pero me recomendaron,  con buen criterio, hablar sólo en francés porque esa era la única manera de soltarme a hablarlo y escribirlo correctamente”, recuerda. Rosalía montaba contadores electrónicos. “En España llegué a ver en algún hospital uno de aquellos artilugios que fabricábamos en Suiza”.  Con el devenir de los años, su compañía cambiaría varias veces de propietario hasta que quebró en 2001. “Eramos 175 empleados todavía. Hubo una empresa italiana que se interesó por rescatarla, eso sí, quedándose tan sólo con la mitad del personal. Por suerte, yo fui una de las elegidas. Actualmente sólo quedamos quince personas. En Ginebra están  los departamentos de marketing, de desarrollo tecnológico y de contabilidad, que es a lo que yo me dedico. Entro a trabajar a las ocho de la mañana y me salgo a las cuatro de la tarde durante todo el año. Tenemos cierta flexibilidad horaria, y formamos un equipo unido que con el tiempo ha desarrollado unos buenos lazos de amistad, a pesar de la frialdad tópica de los suizos, que es cierta”, resume Rosalía.
Los tópicos y los datos
Pregunta obligada después de esta afirmación era la que pretendía conocer un poco más el carácter de los centroeuropeos. “La gente del sur es más alegre que la del norte. Es a causa del buen tiempo que hace en España, creo yo. No son tan acogedores como podamos serlo nosotros. O sí lo son, pero en otro sentido. Son muy discretos, trabajadores, puntuales, educados y respetuosos. El suizo es ahorrador, pero al tiempo le gusta viajar”, sintetiza la vianera. En la conversación nos tuteamos desde el principio, claro está, “pero esto en Suiza no pasaría jamás entre dos personas que se acaban de conocer”, afirma. “He trabajado con compañeros durante años, y nos llamábamos de usted, incluso teniendo un trato muy cordial. Hay una distancia entre las personas, que no sé bien si es buena o mala. Desde luego no es a lo que estamos acostumbrados en España”, dice. El tópico del carácter distante sí es cierto, si bien no lo es tanto el de las temperaturas.  Suiza ya no es igual a nieve, al menos en Ginebra.  “En el año 1982 cayó una nevada tremenda, de más de un metro, pero desde entonces no ha vuelto a pasar.  Hace muchísimos años que el lago no se hiela. Lo más parecido sucedió hace relativamente poco, cuando una ola de frío glacial hizo que la brisa húmeda del lago se congelara por todas partes, en los árboles y en las vallas, componiendo estampas bellísimas.  Las imágenes dieron la vuelta al mundo”, dice.
Rosalía nos saca de dudas en cuanto a los datos estadísticos de Suiza. “Es un país  pequeño. Sólo tiene, 7.7 millones de habitantes. Ginebra tampoco es una ciudad grande. Tiene 188.000 habitantes. Si tenemos en cuenta también los alrededores llegamos hasta los 455.000”, dice.  Ahora bien, la importancia estratégica de la ciudad queda clara si tomamos en cuenta la cantidad de entidades de estatura mundial que tienen su sede allí. “Hay 22 organizaciones internacionales. Es la sede de la Organización Mundial de la Salud, de Naciones Unidas, de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), de la Cruz Roja, del Comité Internacional de la Cruz Roja… Y también de 250 ONGs diferentes”, informa la vianera . En Ginebra se vive muy bien. De hecho, es una de las cuatro ciudades con mayor nivel de vida del mundo, junto a localidades de la talla de Zurich, Viena y Vancouver. “Pero, sobre todo, Ginebra es una ciudad muy bonita. Podría hablar durante horas de lo bella que es. Vale la pena venir. Es muy verde, igual que Galicia”, compara Rosalía por dar una referencia. Ginebra es también la cuna del protestantismo desde el siglo XVI, si bien éste convive sin problemas con la fe católica y la iglesia ortodoxa. Su casco viejo es una preciosidad que ha sabido conservar bien la arquitectura del siglo XVIII. Allí vivió el escritor argentino  Jorge Luis Borges, fascinado por su candor. Otro de los mitos de la ciudad es el de Sissi Emperatriz, popularizada por Romy Schneider en aquella serie de películas inolvidables. “La mataron aquí, en Ginebra, en el puente de Mont Blanc, clavándole una estilete finísimo en el corazón. En el borde del lago hay una estatua que la recuerda”, dice Rosalía.
El lago Lemán
Suiza es un paraíso del agua. Hay muchos lagos, pero quizá el más conocido de todos sea el lago Lemán, que es más bien un mar interior de agua dulce. En su parte más ancha mide 14 kilómetros y tiene casi 80 de largo. Hay barcos enormes en los que se pueden hacer cruceros  de lujo, gastronómicos o turísticos. Su superficie tranquila y tan profundamente azul, tiene enamorada todavía a Rosalía. “Mi lugar favorito de Ginebra es la orilla del Lemán, junto a la columna enorme de agua a presión enorme que sube desde él. Es impresionante. Viendo el chorro se me pasan las horas muertas. A veces lo rodea por completo el arco iris. Pasear  por los alrededores en primavera es delicioso.  Parece que estás de vacaciones en el paraíso. Hay más de 300 hectáreas de parques en la ciudad. Viendo esas aguas me relajo, me olvido del mundo. Los atardeceres son preciosos. El chorro  se eleva a más de 140 metros sobre la superficie del lago. En verano, tiene sus playas. Las hay públicas y privadas. Yo suelo ir a la de la ONU, maravillosa, con duchas, vestuarios y restaurantes”, cuenta Rosalía, y mientras habla evoca esas imágenes tan bonitas. “En verano también hace calor aquí. El clima es húmedo y se percibe más la temperatura, aunque no sea tan alta como en España”, dice.
A los suizos les gusta mucho la comida española. Hay restaurantes famosos que permanecen abiertos desde que Rosalía llegó allí pero su plato  más típico es la fondue de queso: “El chocolate les chifla, el queso gruyer también, y luego tienen unas especialidades de pescado, capturado en el lago, que son muy típicas de aquí, deliciosas”.
Pero cuarenta años no han sido suficientes para olvidar a Viana de Mondéjar, adonde Rosalía regresa con frecuencia. “En Ginebra me falta la tranquilidad de mi pueblo. En Viana de Mondéjar hay una paz indescriptible. Cuando llego,  recuerdo inmediatamente mi infancia. Las noches estrelladas no las he visto en ningún lugar como allí. Oír cantar los grillos sentada en la puerta de mi casa, me alucina. El paisaje es maravilloso. Encuentro a mis amigas de juventud, que son entrañables, y organizamos unas  reuniones familiares que evoco luego durante mucho tiempo en Suiza. Pienso mucho en todo ello, y hago patria chica. Cada vez que voy me traigo miel, que a mis amigos les encanta. Les hablo de las Tetas, de las fiestas…”, cuenta, y se para un momento. Su tono denota la profundidad de ese sentimiento, casi tanta como la del Lemán. A Rosalía le faltan dos años para jubilarse, a los 64, en Suiza. No tiene claro si volverá o no. “Mis hijos están en Ginebra, tengo un nieto suizo… De momento me voy a quedar aquí”, termina.

  • iTrillo 8

  • iTrillo 8
  • iTrillo 7

  • iTrillo 7
  • iTrillo 6

  • iTrillo 6
  • iTrillo 5

  • iTrillo 5
  • iTrillo 4

  • iTrillo 4
  • iTrillo 3

  • iTrillo 3
  • iTrillo 2

  • iTrillo 2
  • iTrillo 1

  • iTrillo 1